Shortlist, el friend zone de los festivales

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Vieri Figallo columnista InformaBTL
Vieri Figallo columnista InformaBTL

Mi carrera como creativo empezó por ahí del 2006. Inicié en Saatchi, fui trainee durante tres meses maravillosos, me corrieron.

Iba en tercer semestre de la universidad cuando entré a la agencia, estaba en Disneylandia emocionado de empezar a trabajar y crecer profesionalmente.

Cuando llegué a la agencia se encontraban perfilando campañas para participar en el Círculo Creativo, no entendía nada de nada y le preguntaba a media agencia: ¿qué era un festival? y ¿por qué la importancia de estar en los concursos?, la gente que me habló sobre la creatividad y de los festivales me impactaron tanto que hasta hoy le doy un valor enorme.

Ese pensamiento creativo y estratégico cambió mi visión sobre cómo hacer publicidad. No pensar en una primera idea sino darle vueltas y más vueltas a un concepto, cómo producirlo y cuidar cada detalle para ejecutar la idea; dos años más tarde fundé mi agencia y no fue hasta siete años después que empezamos a participar en festivales. ¿Por qué no antes? La verdad porque no teníamos nada bueno como para poder entrar a los mejores festivales creativos y porque me hice una promesa, para participar en un concurso no debe ser un “trucho (campañas publicitarias que no existen en la calle pero que son producidas exclusivamente para festivales). La pieza debe existir, el cliente debe haberla aprobado, debe haber pagado por la idea, por la ejecución y la debe haber pautado. (Los truchos es otro tema del cual escribiré muy pronto).

El hambre siempre estaba año tras año, pero siempre me ha gustado tener los pies sobre la tierra, nada de lo que teníamos era lo suficientemente rompedor. Durante esos años llegué a ir solo como espectador, quería conocer el formato, vivirlo pero desde otra trinchera.

En 2015 ya teníamos dos grandes piezas para meter al Círculo Creativo. Las inscribimos y estábamos emocionados, aún recuerdo el momento en que íbamos hacia Acapulco y en ese entonces el VP Creativo de la agencia Edgar González viendo su celular gritó: “¡no mames, estamos en shortlist!“, mi piel se puso de gallina, durante cinco minutos mi cuerpo producía felicidad pura, esa cantidad de endorfinas que no se sienten todos los días.

Estábamos muy contentos, ya quería que fuera la premiación, pero antes del momento de la verdad conocimos a un creativo que había estado de jurado en la categoría en la que participamos y nos contó que se acordaba de la pieza, la discutimos y nos dijo; “le fue bien“, nuestra expectativa creció aún más pero en la premiación no corrimos con la suficiente suerte. Aún recuerdo el bajón que tuve, estaba muy triste, incluso podría describirlo como uno de los días más tristes de mi vida, al día siguiente escribí ese post:

Traduje esa tristeza en coraje para que motivara a crear un mejor trabajo con todo el equipo de la agencia para el próximo año. Mike Ruíz, CEO de Bombay me dijo esa vez: un shortlist no se subestima, atrás de un jurado hay muchos factores para que una pieza llegue a ser metal, independientemente de las decenas e inclusive de cientos de materiales que pasan frente al jurado, que me debería sentir contento porque estar en shortlist es estar entre los finalistas de las mejores campañas donde solo 3 de ellas llegan a colarse para un: oro, plata o bronce.

Un año después llegamos con todo, inscribimos 3 piezas y logramos otra vez un shortlist. :(

¿Por qué es el peor sentimiento? Porque si inscribes una pieza y no ves tu idea en shortlist dices: “¡madres, no pasó nada!”, tal vez te enojes pero no pasa de ahí, no hay expectativa; pero cuando te dicen que estás en shortlist la expectativa crece, la emoción está en tener una posibilidad de que puedas ganar.

Hoy, bajo la gestión de mi querido socio, hermano pero sobre todo amigo Iván Gutiérrez “Wacha” entramos por primera vez a un festival internacional, World Independent Advertising Awards, inscribimos tres piezas y dos están en shortlist; bajaba por el elevador de la agencia viendo desde mi cel los shortlist del festival cuando de repente salió nuestro nombre, regresé corriendo a la agencia y entusiasmado exclamé “¡a huevo, estamos en shortlist!“, toda la agencia se puso contenta y más por todo el proceso que pasamos para poder producir las piezas, desde convencer al cliente hasta los rounds internos para ejecutarla, todo con un esfuerzo y trabajo en equipo. Eso es lo bonito del proceso, el trabajo en equipo. ¡Ya les contaré! Las buenas vibras son recibidas.

Por el momento seguimos con la incertidumbre pero espero que esta vez podamos conseguir un metal que represente a México para festejar las dos campañas que hicimos para nuestros clientes y con los que compartimos la emoción de saber el resultado.

Pero más allá de la expectativa de entrar en un concurso publicitario, existe un debate interminable sobre estos eventos: que si los premios no sirven para nada más que para crecer los egos de los creativos, que no ayuda a generar negocio a las marcas, que la mayoría de las piezas inscritas al círculo son “truchos” , que si los premios están vendidos, etc. Así podría seguir con la lista negra que los principales haters se han encargado de realizar; curiosamente son varios creativos que se catapultaron cuando eran jóvenes a través de premios y hoy ya no le dan el mismo valor.

Por eso les daré ocho puntos del porqué debemos seguir dándole valor a los Festivales:

1. Ganas reputación dentro y fuera de la industria.
1. Genera competitividad interna y externa.
2. Genera espíritu ganador.
3. Atrae el mejor talento para trabajar en tu agencia.
4. Genera proactividad de ideas para las marcas.
5. Sirve para medir tu nivel creativo con la industria.
6. Fortalece y estimula el trabajo en equipo.
7. Motiva a ser cada vez mejor.
8. Demuestras que la creatividad de una agencia se mide por sus ideas no por su facturación.

Querido cliente, empuja a tu agencia a participar en festivales, los premios bajo tu gestión hará que tu C.V. se vea chulísimo, dará valor a tu carrera. Trust me.