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Fidelidad máxima: marketing extremista

Arturo González, columnista InformaBTL
¿Quiere entrar en una disputa estéril? Entonces intente cambiarle el chip a una persona que defiende con uñas y dientes a una marca o empresa.

¿Quiere entrar en una disputa estéril? Entonces intente cambiarle el chip a una persona que defiende con uñas y dientes a una marca o empresa. La lucha inicia con un debate para que luego se traslade al nivel en donde nada se puede refutar, si no me cree, siga leyendo.

Es muy del siglo XX referirnos a los tópicos centrales como política, religión, equipos deportivos y marcas que por décadas fueron monopolios, este siglo nos sorprende con la absurda teatralidad de “estúpidos”, “inocentes” o verdaderos “amantes” de marcas de trivialidades y cosas por las que el mundo parece haber demostrado que el fundamentalismo es parte de los desquicios que el corazón necesita para alimentar la ambición.

Un ejemplo de BTL extremo es el caso de Pizza del Perro Negro, una pizzería que se hizo famosa por hacer de la gastronomía “foodie”, un mix permitido y aplaudido. Ellos le han dado vida a especialidades peculiares como pizzas de chile relleno, hamburguesa o chilaquiles, como diría el comediante Raúl G. Meneses, solamente en nuestro país podemos hacer platillos tan extremos como la hamburguesa de pizza de alita de pollo.

Si nos referimos a extremismos, no todos son malos, en el caso de la pizzería, es evidente que tiene muy claro su segmento, por lo que todo lo que hace, se orienta a este target o al que de manera “wannabe” pretende mimetizarse en él. Un caso que capturó mi atención fue el concurso que realizaron para premiar la fidelidad de sus comensales, pues al tatuarse un perro con el logo del restaurante, la gratificación automática es recibir pizza de por vida.

http://www.pizzadelperronegro.com/get-inked.html

El tatuaje resulta un sistema de canje, tal y como los sellos que colocan en los antros cuando saldrás por unas horas y deseas regresar, pero esta vez llevado al nivel más alto. Otros casos de fidelidad extrema se basan en el consumo privilegiado por encima de otras marcas.

Los amantes del iPhone son un referente de amor por la marca, el aparato y por el sistema operativo. Muchos de los apasionados recalcitrantes abanderan a Apple como si este les pagara por ser voceros y defensores. Hace unos días le consultaba a Gabriela López, una amante de los celulares Sony-Xperia sus motivos de compra. Fue enfática y hasta me convenció, al tiempo de permitirme ver que la pasión por las marcas es parte de un materialismo permitido y fomentado. Nos falta poco para casarnos con nuestro celular.

Nos tocó vivir la era en donde el amor por las cosas sucede hasta puntos radicales, por lo que las empresas deben de decidir si entran en la dinámica de instrumentar campañas para alimentar tal condición. Si optan por hacerlo, cuiden los 3 aspectos que le comparto:

  1. Haga de su marca una religión, pues una religión tiene rituales, promesas y un código de lenguaje propio.
  2. La fidelidad no es gratuita, requiere de esfuerzos y recursos, si cree que se puede generar por obra de la casualidad, entonces adolezca del marketing y opte por las mancias.
  3. Prenda la chispa del extremismo con una campaña que le de al igual que a la pizzería, espacios gratuitos en los medios y mejor que todo, espacios en los corazones de sus clientes.
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