Auto bullying como estrategia de marketing

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El acoso es un tema que ha permeado en la agenda mundial y nacional en el último par de décadas. Le podemos ahora comprender bajo la denominación de bullying, en el cual existen diversas acepciones, las relacionadas a temas de agresión física,  maltrato psicológico, acoso sexual y violencia escolar, este último punto es con el que se suele relacionar al concepto

Otra tendencia que ha sucedido en los últimos años, es la generación de contenidos para que las marcas puedan ser leídas y percibidas como cercanas. Razón por la que han surgido diversas estrategias de comunicación y publicidad, para que las historias se inserten en la vida de los consumidores, desde planos más relajados.

Es común comprender que las marcas desean visibilidad, pues para muchos el posicionamiento inicia su emprendimiento al colocarse en un escaparate oportuno ante los consumidores. La duda que salta es ¿qué tan osada puede ser la intensión de visibilidad, como para auto propinarse golpes bajos?

En política no es nada nuevo, tal vez el concepto cambia de nombre, pero es un instrumento recurrente cuando se quiere sepultar un tema con otro. Chivos expiatorios, cajas chinas, espirales de silencio, escándalos mediáticos, terrorismo político, psicosis del social media, por citar algunas de las maneras en las que le podemos encontrar.

El punto consiste en generar distractores, en literatura se le conoce como un relato dentro de otro relato, en ciencias de la comunicación, como el espiral del silencio. Por lo que los públicos mientras tengan temas de los cuales debatir, terminaran por archivar aquellos que estaban en la agenda como prioritarios.

En el medio artístico la cosa se presenta de forma muy similar, sin embargo, la principal diferencia es el sentido invertido en el que se procura. En la política se usa para limpiar la imagen, para sepultar entre nuevas opiniones y para entretener mientras se consigue un propósito que bajo la lupa no sería posible. En comparativa en el medio del espectáculo, el sentido es recuperar la visibilidad, es regresar al escaparate, es sacarle lustro al potencial y decir con voz muy fuerte “hello, aquí estoy, háganme poquito caso, sigo vivo, contrátenme, vean mis películas, compren mi disco, sigan mis redes donde muestro el trasero, etc.”

Los actos anteriores se están trasladando a la iniciativa privada, a veces como un acto que procede de los empleados (tontos o resentidos) y la múltiple variedad de clientes exigentes, luego surge en estos tiempo como una estrategia deliberada de auto ataque. En el caso de las áreas comerciales, el bullying no solamente se propina a si mismo, sino que se reta a los competidores. Estoy seguro que ya vieron el comercial de Televisa rumbo al mundial y la polémica que causo por su mensaje contra Martinoli.

No se si recuerda el caso de discriminación “inventado” de un par de modelos mientras grababan una comercial de cervezas, o los influencers a los que un resta no les quiso dar de comer gratis y por medio del chef se puso al tú por tú con los blogueros. Casos aparecen a diario y lo que falta es colocarlos ante los procesos propios del marketing para analizarlos a profundidad.

El tema da para mucho debate, prometo que en el futuro comentaré cómo se articulan las estrategias desde las campañas negras que se hacen para sí mismo. Mientras eso sucede, le recuerdo que una mentira lleva a otra, que las avalanchas son difíciles de controlar por lo inesperado de los siniestros que causan y que esa frase de “mejor que hablen mal de ti a que no hablen” es una frase que procede de aquellos que hicieron mal su chamba y no les queda otra más que adoptar una actitud optimista ante la perdida de su prestigio, o aquellos que por su adicción a la vida pública deciden pagar costos muy altos, intercambiando su visibilidad por su credibilidad. ¿Qué opinas?